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Como lo anunciamos anteriormente, el 4 de octubre se presentó el nº 1 de «manuscritos», una revista de textos literarios escritos a mano, impresos con serigrafía manual, de la cual tuvimos la satisfacción de formar parte. Son textos para mirar, la conjunción de una concepción plástica de las texturas y la intimidad de la caligrafía. Los responsables de esta maravilla fueron Fabien Perréard y Montserrat Romero. Las fotos son de una de las escritoras antologadas, Nadia del Pozo. Con ustedes, los manuscritos.
Autores: Arnaud Crassat, Alejandro Dato, Fabien Perréard, Natalia Reynoso Renzi, Marta Cortés-Monroy J., Nadia del Pozo, Carlos Be, Craig Stewart, Javier Luján, Roger Tartera, Eric Balbàs, Montse Romero, Artur Laperla, Javier Calderoni, Paloma Maldonado, Rubén Pintoresco, Stephan Guillais.
Edición de textos: Montserrat Romero
Maqueta e impresión: Fabien Perréard
Manuscritos n°1
Impreso en serigrafía manual en el taller EL.TA de Gracia.
Barcelona, agosto de 2012
UDP Cátedra Bolaño – Hebe Uhart from udp on Vimeo.
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LA PIEDRA DEL RÍO
Donde el río se remansaba para los muchachos
se elevaba una piedra.
No le viste ninguna otra forma:
sólo era piedra grande y anodina.
trepábamos en ella como lagartija. Sucedía entonces
algo extraño:
el barro seco en nuestra piel
acercaba todo nuestro cuerpo al paisaje:
el paisaje era de barro.
la piedra no era impermeable ni dura:
era el lomo de una gran madre
que acechaba camarones en el río.
otra vez la tentación
de una inútil metáfora. La piedra
era piedra
y así se bastaba. No era madre. Y sé que ahora
asume su responsabilidad: nos guarda
en su impenetrable intimidad.
y está desatendida de nosotros.
entre la blanca arena rastrillada
no fue traída por la violenta naturaleza.
Fue escogida por el espíritu
de un hombre callado
y colocada,
no en el centro del jardín,
sino desplazada hacia el Este
también por su espíritu.
la piedra te pide silencio. Hay tanto ruido
de palabras gesticulantes y arrogantes
que pugnan por representar
sin majestad
las equivocaciones del mundo.Tú mira la piedra y aprende: ella,
con humildad y discreción,
en la luz flotante de la tarde,
representa una montaña.
acorralado en el ruedo de los curiosos. Sus garras
escarbaban inútilmente el cemento de la vereda,
y sangraban. No avanzaba,
sólo esponjaba y contraía su cuerpo
según su miedo. Y con su hocico,
rosado y móvil, husmeaba,
lejos de las oscuras galerías,
el aire soleado de los hombres.
Habían capturado un mito, un animal
de bestiario. Por eso
nuestra mente demoraba, se estremecía
no podía creer
que bajo la realidad estridente del sol
hubiera otro animal
de carne lastimada como la nuestra.











