Sobre los relatos de «Los saludé y no era»

Estos seis relatos vienen de lugares y momentos distintos. Acá cuento un poco de la historia que hay tras ellos.
Lo saludé y no era / Creo que el impulso inicial de este cuento fue reconstruir un encuentro con los amigos que tenía lejos. Una reunión de esas con unas cervezas al calorcito de la tarde hablando de cualquier pavada. Lo particular del caso es la vuelta del narrador a la Argentina después de unos años viviendo fuera. Los amigos siguen siendo los mismos, pero no del todo. Al principio es fácil detectar las continuidades y los cambios. Después las cosas se complican y nadie es el que era o parecía ser. A pesar de la violencia que contiene, en el fondo el cuento es una celebración, absurda hasta los huesos, pero una celebración.
La pausa / Este es el cuento más nuevo del libro, aunque surgió de un embrión que escribí en el 2020. Pertenece a una saga que yo llamo cuentos persos. Es un conjunto de historias que transcurren en un territorio inventado que tiene unos aires eslavos muy evidentes. Se cruzan en casi todas ellas el género fantástico y las historias mafiosas. Con el nacimiento de mi hija, al principio por una cuestión de tiempos y después por razones menos claras, pasé varios años sin escribir. Este cuento significó para mí la vuelta a la escritura de ficción. A Daska, el protagonista del cuento, le pasa algo parecido, aunque su pausa se debe a razones opuestas a las mías.
Veinte días en Calabria / Cuando pienso en este cuento no me viene a la mente ninguna imagen puntual sino más bien un tipo de luz. No lo digo en un sentido metafórico, sino visual. El sur de Italia tiene una luminosidad particular. Por supuesto que el cuento no la muestra, pero la atmósfera general de estas viñetas tiene esa floja placidez que da el sol cuando nos baña. Mis padres volvían a su lugar de nacimiento después de cuarenta años viviendo en Argentina, ese es el contexto general. El otro tema es la convivencia con algo incomprensible y familiar: el dialecto calabrés, que ahora sí sirve de metáfora para una buena docena de taras personales.
El tigre de la falacia / Supongo que a esta altura de los tiempos habrá que aclarar que el título alude a Sandokán, el Tigre de la Malasia, el legendario personaje de Emilio Salgari. El héroe en este cuento es Ulises, un inmigrante chileno en Barcelona que intenta volver a su tierra, donde no le espera Penélope tejiendo un sudario, sino una orden de captura por defraudación. Hay historias resbalosas, que se retuercen a la primera y se nos escapan de las manos. Esta sería una de esas. El cuento es casi un diario del cuento. Los intentos de darle forma a un material con más tentáculos que un pulpo.
Los retornos de Mariana / Durante la década del noventa fui un fervoroso lector de la obra de Mario Levrero y por esas vueltas de la vida tuve la oportunidad de mantener una correspondencia con él y tenerlo como maestro. La rareza de este cuento es un resabio de su influencia. Su protagonista es una mujer que se ahogó en una playa de Mar Chiquita, pero la historia no cuenta su vida previa sino lo que le va a pasar después. No puedo adelantar mucho, solo les digo que es sorprendente el frenesí sexual que puede haber tras la muerte.
Los últimos sudores del 94 / Como tantos millones, yo también idealicé mi juventud, un error que con algo de suerte los años corrigen. En ese proceso está el narrador de este cuento. Recuerda un amor complicado. Se ve a sí mismo descubriendo una ciudad nueva. Trabajando en una estación de servicio, disfrazado de tigre. Su novia ha vuelto del entierro de su padre y está distinta. Este es para mí el relato más incómodo del libro, sobre todo por su tono, que convive con un ambivalente cariño por la inocencia tóxica de aquellos años.
La preventa de Lo saludé y no era, que publicará Orsai, termina el 30 de septiembre. Si quieren comprarlo antes del cierre, pueden hacerlo a través de este enlace:
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